Antes de exportar, revisa tus creencias

El  Comercio exterior es un asunto que puede parecer relativamente sencillo en un principio, al fin y al cabo se trata en esencia de vender. Pero vender es todo un arte, ya cuando jugamos en casa, y cuando jugamos como visitante es todo un reto y una experiencia renovadora.

La creencia que tenemos de nuestro producto y nuestra empresa es la que hemos obtenido desde hace muchos años en nuestro propio mercado (que conocemos perfectamente) y sobre unos clientes con una cultura y necesidades más o menos analizadas.

Pero al mirar hacia otro mercado todo cambia, por similar que nos pueda parecer, y nuestras creencias deben cambiar. Para empezar si queremos vender en mercados que van por delante de nosotros debemos tener claro que no son más listos que nosotros ni nos comprarán necesariamente a precios escandalosos, y si vamos a vender a mercados que van por detrás de nosotros no vamos a pensar que somos más listos que ellos. Estas creencias suelen acabar muy mal.

Debemos tener una flexibilidad total con nuestra empresa para adaptar nuestros productos a las nuevas necesidades, siempre conservando nuestra filosofía y principios de marca obviamente. Pero la adaptación es la clave. Para vender a alguien de otro país tenemos que hablar su mismo idioma, no sólo lingüísticamente, también en cuanto a comportamiento, cultura o hábitos por ejemplo.

Definitivamente, poner a nuestra empresa en el plano internacional es un proceso que debemos abordar sin prisas y con mucha flexibilidad, que nos permitirá crecer a un nivel espectacular tanto en volúmenes de ventas como de madurez empresarial.

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